Elegir un champú que cuide (de verdad) tu pelo

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Para muchas personas, el cuidado del pelo es un ritual. La playa en verano, el cloro de la piscina, la calefacción en invierno y –según la zona– aguas más o menos duras, son algunos de los peligros que pueden dejar el cabello áspero y sin brillo. En medio de ese contexto, una pregunta se repite: ¿qué champú conviene usar si quiero cuidar la salud capilar sin caer en reclamos publicitarios? En los últimos años han ganado terreno los mensajes “sin sulfatos”, “sin siliconas” o “low-poo” (cuidado capilar que consiste en lavar con champús suaves y bajos en sulfatos). Pero, ¿qué hay de cierto, y qué es puro marketing?

Este artículo propone una guía sencilla y basada en fuentes fiables para entender las funciones y limitaciones de un champú, cuándo tiene sentido optar por fórmulas más suaves y cómo leer etiquetas sin perderse en la jerga.

 

Qué hace realmente un champú

Un champú es, ante todo, un producto de higiene. Su misión principal es arrastrar suciedad, sebo y restos de peinado con tensioactivos (surfactantes). El champú típico contiene mucha agua, tensioactivos de limpieza (a menudo aniónicos sulfatados), algún acondicionador ligero (como polímeros catiónicos o siliconas), perfume y conservantes. Esa base funciona; el resto de “efectos especiales” es limitado porque el producto está poco tiempo en contacto con el cabello antes de aclararlo. Esta visión, bastante “desmitificadora”, la comparte la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en su guía «¿Qué champú te va al pelo?», donde explica qué ingredientes suelen incluir y por qué las promesas más allá de limpiar y facilitar el peinado tienen recorrido corto.

 

Sulfatos

Eficaces limpiando, a veces demasiado

“Sin sulfatos” se ha convertido en una etiqueta omnipresente. ¿Conviene evitarlos siempre? No necesariamente. Los sulfatos (como SLS o SLES) son tensioactivos muy eficaces para eliminar la grasa, restos de productos y suciedad; por eso limpian tan bien. El matiz importante: pueden resecar el cabello y el cuero cabelludo, sobre todo en cabellos secos o teñidos, donde además arrastran el color con mayor rapidez. En esos casos, tiene sentido optar por tensioactivos más suaves (sulfosuccinatos, sulfoacetatos, isetionatos), aunque normalmente encarecen el producto. La OCU detalla estas diferencias y pone ejemplos de alternativas más “amables” con la fibra capilar y la piel.

La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) añade un matiz relevante al explicar que ver “sulfato” entre la lista de ingredientes no implica necesariamente que sea un champú agresivo. La suavidad final depende del tipo de sulfato, su porcentaje y con qué otros ingredientes se combine. Aun así, reconocen que muchos sulfatos pueden dañar ligeramente la fibra, especialmente en cabellos tratados.

¿Cuándo tiene sentido el “sin sulfatos”?

  • Si notas tirantez o picor tras el lavado.
  • Si tu pelo es rizado/ondulado con tendencia a resecarse.
  • Si llevas coloración o decoloración frecuentes.
    En esos escenarios, probar con fórmulas suaves puede marcar diferencia en confort y aspecto.

 

Siliconas

¿por qué gustan tanto (y por qué algunas personas las evitan)?

Las siliconas (dimeticonas, ciclometiconas, etc.) son excelentes acondicionadores: dejan sensación sedosa, facilitan el peinado y reducen encrespamiento. La AEDV/GEDET recuerda que su “mala prensa” es en parte mediática, aunque admite dos aspectos controvertidos: ciertas siliconas insolubles en agua pueden acumularse (“build-up”), dejando el pelo más pesado con el uso continuado, y existen preocupaciones ambientales con algunos tipos. De nuevo, la clave es no meter “todas las siliconas en el mismo saco” porque hay muchas variantes con perfiles diferentes. Fuente:

El ángulo medioambiental: D4, D5 y D6

En la Unión Europea se han restringido ciertas ciclosiloxanas por motivos ambientales. Desde 2018, en España, el Reglamento (UE) 2018/35 en el DOUE establece que las siliconas de tipo D4, D5 y D6 están limitadas al 0,1% en productos cosméticos de aclarado (como muchos champús). Y recientemente se han ampliado restricciones, con nuevas limitaciones que siguen aplicándose para proteger el medio ambiente.

Lo importante aquí no es demonizar “siliconas” en bloque, sino saber que:

  • Hay siliconas no volátiles de buen desempeño cosmético y sin las mismas implicaciones ambientales que D4/D5/D6.
  • Si te preocupa el build-up, puedes alternar lavados con un champú que limpie un poco más (no necesariamente con sulfatos “duros”) o espaciar el uso de productos con siliconas insolubles.

 

Champús “sin sulfatos, siliconas, aceites y ceras”

Este tipo de fórmulas busca minimizar la sobrecarga en cabellos que tienden a acartonar o en melenas rizadas que pierden volumen con facilidad, ayudando a mantener un rizo más suelto y una sensación de limpieza ligera. También encajan con rutinas “low-poo”, que priorizan tensioactivos suaves y evitan ingredientes oclusivos innecesarios. Según explican desde Curly Store, expertos en marcas como Maison Karité, estas categorías permiten comprender mejor cómo las características de un champú se relacionan con distintos tipos de cabello y técnicas de lavado. Por ejemplo, un cabello seco y rizado puede beneficiarse de fórmulas libres de sulfatos y siliconas pesadas, mientras que un cabello con tendencia a grasa puede necesitar alternativas con tensioactivos más equilibrados. Además, conocer estas distinciones ayuda a planificar rutinas capilares más eficientes y saludables, evitando la acumulación de residuos y mejorando la apariencia y textura del cabello sin depender de productos con demasiados aditivos. Esta información se presenta como guía orientativa para entender las diferencias entre fórmulas y su efecto real sobre el cabello, sin constituir una recomendación directa de compra.

 

Cómo leer la etiqueta (sin complicaciones)

  1. Identifica el/los tensioactivo(s): si ves SLS/SLES en cabeza del INCI y tu cuero cabelludo se irrita con facilidad, prueba una alternativa con sulfosuccinatos, isetionatos o glucósidos.
  2. Mira el “combo” completo: un sulfato en dosis baja, con betainas anfóteras y acondicionadores, puede resultar suave en la práctica. La AEDV recuerda que la agresividad no depende solo del nombre del ingrediente, sino de la formulación final.
  3. Siliconas sí/no: si buscas evitar build-up, prioriza siliconas solubles o prescinde de ellas y compensa con acondicionadores y mascarillas bien elegidos.
  4. Perfume y conservantes: salvo alergias, no son “el enemigo”. Su función es real (agradabilidad y seguridad microbiológica). De nuevo, OCU explica que están ahí por razones prácticas, no solo cosméticas.

Rutinas minimalistas que funcionan

  • Frecuencia: lavarse el cabello según solo cuando sea necesario. En cuero cabelludo graso, los champús “suaves” quizá no basten si la sensación de suciedad reaparece pronto; ajusta frecuencia antes que saturar de producto.
  • Técnica: masajea el cuero cabelludo (no hace falta restregar largos con vigor; la espuma que cae suele bastar para limpiar medios y puntas).
  • Acondicionar con cabeza: si te pasas con productos pesados, tu champú tendrá que “luchar” más para arrastrarlos.
  • No-poo y co-wash: Evitar los champús convencionales y productos agresivos. Estas son prácticas válidas para ciertos tipos de cabello (seco, rizado, con tendencia al encrespamiento). La OCU describe estas tendencias, su origen y para quién podrían encajar mejor.

 

Señales de que conviene ajustar tu champú

  • Picor persistente o descamación tras cada lavado (valora fórmula más suave; si persiste, consulta con dermatología).
  • Color que “se cae” demasiado pronto (prueba tensioactivos menos agresivos).
  • Pelo “sin vida” pese a mascarillas: quizá haya acumulación; introduce un lavado algo más “limpiador” a la semana y reduce productos pesados.

 

Lo que no hace un champú

Ni previene la caída a nivel de raíz ni “cura” patologías del cuero cabelludo, salvo que sea un champú terapéutico indicado para ello (caspa, dermatitis seborreica, etc.) y bajo consejo profesional. La AEDV, en materiales divulgativos, insiste en separar el champú de higiene del champú de tratamiento, y en acudir al dermatólogo si hay patología del cuero cabelludo.

 

Una lista rápida para tu próxima compra

  • ¿Mi cuero cabelludo es sensible o mi pelo tiende a resecarse? → prueba fórmulas sin sulfatos “duros” o con tensioactivos suaves.
  • ¿Me preocupa el build-up? → reduce siliconas insolubles o alterna lavados.
  • ¿Llevo el pelo teñido/decolorado? → prioriza limpieza suave para no “arrastrar” el color.
  • ¿Quiero simplificar? → rutina corta (champú + acondicionador), ajuste de frecuencia y técnica correcta al lavar.

 

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