Fotografía de embarazadas

Cuando el arte celebra el embarazo.

Comparte:

Facebook
Twitter
LinkedIn

Hay mujeres que cuando están embarazadas se hacen fotografías artísticas. Otras posan para una escultura. Es una manera de guardar un bello recuerdo de uno de los momentos más especiales de la vida. Es cuando el arte celebra el embarazo.

La gestación es un momento clave en la vida de cualquier mujer. Un periodo lleno de ilusión y de esperanza. Es la magia de la naturaleza. El arte de engendrar vida. Un privilegio del que disfrutan las mujeres y que nunca podremos experimentar los hombres.

Pero el embarazo no es un camino de rosas, para nada. No he vivido ninguno de ellos, pero he estado cerca de varios. Por lo que he podido observar, es como una montaña rusa. Una coctelera de cambios hormonales en la que la mujer tan pronto está pletórica como se siente agotada.

También el embarazo es uno de los periodos que más unen a la pareja. En especial, si el niño es fruto del amor, si es un bebé deseado. Que suele ser la mayoría de las veces. Los padres lo preparan todo para recibir al pequeño. El hombre se desvive porque la futura madre esté bien en todo momento. Ella quiere compartir con él hasta el último detalle. Ella siente pánico a medida que se acerca la fecha del parto. Es una sensación extraña. Por un lado, quiere que todo termine lo antes posible, que pueda ver ya la carita del recién nacido y, por otro lado, siente pavor de entrar en el paritorio. Él está nervioso, muy nervioso. Pero están los dos juntos, ayudándose el uno al otro.

Un periodo tan especial bien debe ser inmortalizado para la eternidad. Es por eso que no es extraño que la madre quiera guardar un recuerdo sublime.

Cuando la maternidad alumbró el arte.     

Una de las primeras expresiones artísticas del hombre fueron las Venus del Paleolítico. Estatuillas de entre 4 y 25 centímetros de altura, talladas hace más de 30.000 años en piedra, hueso o marfil. Eran pequeñas estatuas de mujeres embarazadas. Con los pechos prominentes, con el vientre abultado, con las caderas anchas. Generalmente sin brazos y con el rostro difuminado. Se dice que eran figuras simbólicas, de un contenido espiritual. Que estaban asociadas al culto a la fecundidad y a la diosa madre. El nacimiento de bebés era uno de los fenómenos más importantes en aquellas comunidades primitivas. Lo sigue siendo a día de hoy. Representaban la continuación de la especie.

En la web de la Fundación Palarq, el arqueólogo Francesc Gascó nos habla de la evolución de estas estatuas, que en su mayoría, las más conocidas, se han descubierto en distintas partes de Europa.

Señala Gascó que el rasgo más característico de estas estatuas es la exageración de determinadas partes del cuerpo, como los pechos, el abdomen, las caderas y los glúteos, mientras que el rostro, las manos y los pies suelen aparecer poco definidos o incluso no aparecen. Estas características han llevado a muchos investigadores a relacionarlas con la fertilidad, la maternidad o la continuidad del grupo, aunque su significado exacto sigue siendo un misterio.

A medida que avanzó el Paleolítico, estas figuras experimentaron una interesante evolución artística. Las venus más antiguas presentan formas redondeadas y voluminosas, con una clara atención a los atributos corporales relacionados con la reproducción. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzaron a aparecer representaciones más estilizadas, en las que el cuerpo femenino se simplifica y adquiere un mayor grado de abstracción. También se observa un mayor cuidado en algunos detalles anatómicos, como el peinado o el rostro, elementos que apenas estaban presentes en las primeras esculturas.

Entre las piezas más conocidas destacan la Venus de Willendorf, descubierta en Austria; la Venus de Lespugue, hallada en Francia; y las venus de Kostienki, encontradas en Rusia. Cada una presenta rasgos propios que reflejan la diversidad cultural de los grupos humanos de la época. Lejos de ser simples adornos, estas esculturas constituyen un valioso testimonio de la capacidad simbólica de nuestros antepasados y muestran cómo el arte prehistórico evolucionó desde representaciones esquemáticas hacia formas cada vez más elaboradas, convirtiéndose en una de las expresiones culturales más importantes del Paleolítico Superior.

Las fotografías de embarazadas son tendencia.

Lejos del referente histórico, y centrados más en la actualidad, las fotografías artísticas de embarazadas se han convertido en una opción a la que recurren muchas mujeres para inmortalizar este periodo de su vida. Hoy por hoy es un subnicho de la fotografía y hay fotógrafos profesionales que se han especializado en este tipo de fotos.

Para ello, la madre acude al estudio de un fotógrafo profesional y posa en una sesión de fotos con el atrezo y los elementos de decoración que el fotógrafo tiene para estas sesiones. En ocasiones, estas fotos son en blanco y negro, y más que captar el cuerpo de la madre, lo que se pretende es capturar la emoción del momento.

Las fotografías de embarazadas han llegado al mundo de las famosas. La revista Vogue nos habla de algunas de las sesiones fotográficas de embarazadas celebritis más icónicas.

Uno de los momentos más influyentes llegó en 1991, cuando Demi Moore posó desnuda y embarazada para la portada de Vanity Fair, en una fotografía realizada por la fotógrafa Annie Leibovitz. Aquella imagen rompió todos los esquemas de la época. Generó una enorme polémica, pero también abrió el camino para que la maternidad pudiera mostrarse con naturalidad y elegancia en las grandes publicaciones internacionales. Con el paso de los años, aquella portada ha sido considerada una de las fotografías más icónicas de la cultura popular.

Otra sesión que marcó un antes y un después fue la de Beyoncé en el 2017, cuando anunció que esperaba gemelos. Rodeada de flores, con un largo velo y una estética inspirada en el arte clásico y religioso, la cantante transformó el anuncio de su embarazo en un acontecimiento mundial. Las imágenes se hicieron virales y demostraron que una sesión de maternidad podía convertirse en una obra artística de gran impacto.

Desde entonces, numerosas celebridades han seguido esta tendencia aportando su propio estilo. La modelo norteamericana Gigi Hadid optó por retratos en blanco y negro de gran delicadeza, mientras la cantante Katy Perry mostró una visión mucho más cotidiana y espontánea, alejándose del glamur para reflejar la naturalidad de la maternidad.

Estas sesiones fotográficas han contribuido a normalizar el embarazo en el ámbito público y a presentarlo como una etapa de fortaleza, belleza y confianza, inspirando a miles de mujeres a inmortalizar uno de los momentos más importantes de sus vidas.

Esculturas de embarazadas.

La página web Bustos Personalizados, un taller de Castalla (Alicante) que se dedica a hacer estatuas por encargo, mediante un sistema mecanizado, que no le resta para nada efecto artístico, nos habla de una de las novedades más llamativas del arte para embarazadas. Las esculturas de mujeres gestantes.

En este caso, el taller trabaja con fotografías que envía la modelo, de frente, de los dos costados y de espalda, y se escanean por ordenador, creando un modelo digital en 3D, que luego se traspasa al bronce o a una resina especial que admite diferentes acabados.

Me consta, por otro lado, que existen escultores que realizan este tipo de estatuas, pero siguiendo un procedimiento más artesanal.

Es frecuente en la mayoría de estas esculturas que la modelo entregue fotografías al escultor. Las largas horas de pose no son adecuadas para una mujer embarazada. La inmensa mayoría de estas esculturas son desnudos, pero la mujer, si quiere, puede enviar las fotos en tanga. También, si lo desea, en las fotografías no puede aparecer la cara, para conservar su intimidad. Muchas de estas esculturas retratan el cuerpo desde el cuello hasta las piernas, transmitiendo una estética clásica.

Este es un trabajo muy personal, y normalmente el artista suele consultar todo el proceso con el cliente y la modelo, que con frecuencia suele ser la misma persona. Presentándole bocetos en papel de la obra de arte, hasta que acuerdan el resultado final.

Las esculturas de este tipo que más se trabajan son las de bronce, elaboradas a partir de un molde en arcilla.

El embarazo en la pintura.   

Aunque no es uno de los estados de la mujer más reflejados en la historia del arte, podemos encontrar algunas obras maestras que parten de retratar a la mujer embarazada.

Uno de los ejemplos más representativos es El matrimonio Arnolfini, del pintor flamenco Jan van Eyck, pintado en 1434. Se trata del retrato de una pareja de acaudalados comerciantes burgueses del Renacimiento, cargado de simbolismo. El marido con gesto sereno y sobrio, y la mujer más joven, con expresión virginal. Aunque a simple vista, la mujer parece que está en estado de buena esperanza, el blog Postres Originales indica que no fue así. La modelo no estaba embarazada. Sino que se sujeta el vestido, abultando la falda, dando una imagen de fertilidad deseada, típica de la época.

Otro pintor flamenco, Rogier van der Weyden, pinta la Visitación en 1445. Es una de las grandes obras maestras del gótico tardío, a las puertas del Renacimiento italiano. El cuadro recrea el encuentro entre María y su prima Isabel cuando ambas estaban embarazadas. María, de Jesús; e Isabel, de San Juan Bautista. A diferencia del arte medieval, que solía ser bastante hierático, en este cuadro se aprecia algo de movimiento. Ambas mujeres sujetan el vientre la una a la otra, y parece que caminan con pasos pequeños. La expresividad es menos intensa que la que veremos en el Renacimiento. Como dice la web historia-arte, el autor trata a las figuras como si fueran estatuas policromadas.

Ya más en la actualidad, encontramos “Mujer embarazada” de la pintora impresionista norteamericana Alice Neel, pintada en 1971. Inspirado en cierto modo en La maja desnuda de Goya. Neel pinta el desnudo de una mujer de mediana edad en avanzado estado de gestación, tumbada en un sofá, que presenta con crudeza los cambios propios del embarazo. Desde los pechos abultados hasta esa expresión en el rostro, mezcla de expectación e incertidumbre.

Encargar un retrato es otra bonita manera de recordar el embarazo. Hay pintores profesionales que se dedican a hacer este tipo de retratos.

Un bello recuerdo para la posteridad.   

Ninguna mujer olvida los embarazos que ha vivido, pero tenerlos reflejados en una obra de arte los invita a revivirlos con cierta ternura y nostalgia, y a tenerlos presentes, ya que son parte importante de su vida.

El arte ayuda a naturalizar la gestación. No hace tanto tiempo que se explicaba a los niños que los bebés venían de París y que los traía la cigüeña. Como si diera vergüenza que hubieran nacido de las entrañas de su madre.

Algunas mujeres se ven feas durante el embarazo. Su cuerpo se hincha y pierden la figura. Cuando en realidad están rebosantes de belleza. La belleza de un cuerpo que está engendrando vida en su interior.

Un bonito recuerdo para compartir con los niños, cuando se van haciendo mayores y no paran de hacernos preguntas. Cuando nos dicen aquello de ¿Y cómo era cuando estaba en tu barriga? En cierto modo, un retrato artístico de la madre gestante lo es también del niño, antes de que haya nacido. Cuando es una ilusión, una esperanza.

Estas obras de arte son un pequeño tesoro para compartir. Un objeto artístico que sobre todo une a las mujeres de la familia. Puesto que es un don que comparten todas ellas. Si yo fuera mujer y mi abuela tuviera una fotografía, una escultura o un cuadro de cuando ella estuvo embarazada, es uno de esos objetos que a mí me encantaría heredar.

Dando un paseo retrospectivo por la historia del arte, llama la atención la importancia que tenía el embarazo en la prehistoria y, sin embargo, lo marginado que ha quedado a lo largo de la historia. Cuando se trata de un estado natural y de uno de los episodios más importantes de la vida.

Ahora que estamos aprendiendo a quitarnos de encima muchos prejuicios sin sentido, reivindicar el embarazo con el arte es una expresión de madurez.

Noticias relacionadas

Scroll al inicio