No me digas más: tu hijo ha entrado en la adolescencia y se está empezando a interesar por los piercings, las bandas alternativas, la ropa negra, y por supuesto, por los tatuajes, ¿Me equivoco? ¡Es la razón más común por la cual estarías leyendo este artículo!
Puede que estés entre la curiosidad y el pánico, o simplemente quieras saber cómo funciona todo esto antes de juzgar si es una buena idea. Y créeme, lo entiendo. Lo cierto es que los tatuajes llevan siglos formando parte de las culturas humanas y, lejos de ser una moda pasajera, son una forma de expresión personal, simbólica y, para muchos, profundamente significativa.
Pero para que esa imagen que tu hijo lleva en mente no se convierta en un problema (de salud o de estética), hay mucho trabajo detrás que quizás aún desconoces, como el primer boceto o el último toque de crema cicatrizante, ¡Ya ves! El proceso de creación de un tatuaje profesional es todo un arte técnico, meticuloso y extremadamente cuidado.
Así que siéntate con calma, porque vamos a recorrerlo paso a paso.
¿Cómo comienza todo?
Puede que tu hijo haya buscado al tatuador en redes sociales, que se lo hayan recomendado o que simplemente haya pasado por delante del estudio; sea como sea, lo normal es pedir una cita para comentar la idea. El artista pregunta qué tipo de dibujo quiere, en qué parte del cuerpo, cuál es el estilo preferido y si tiene referencias visuales. Hay tatuadores especializados en realismo, otros en estilo tradicional, en el estilo de líneas negras, en micro diseños o en ilustración. En esa primera charla también se aclaran aspectos como el tamaño, el presupuesto aproximado y la complejidad del dibujo. Algunos estudios tienen precios por hora, otros por pieza cerrada, pero lo importante es que ambas partes estén de acuerdo desde el principio.
Si quieres un consejo, acompaña a tu hijo en el proceso. Así podrás verificar que el tatuador es de fiar y toma todas las medidas pertinentes.
Después llega la parte del diseño. En ocasiones, el tatuador hace un dibujo desde cero basándose en la idea del cliente, y otras veces adapta un diseño ya hecho o trabaja sobre una imagen. Este paso puede llevar días o incluso semanas si se trata de un trabajo complejo o de gran tamaño, ya que el artista debe pensar en recrear el significado de dicho tatuaje, y en cómo se adaptará ese diseño a la anatomía del cuerpo. Además, piensa que no es lo mismo tatuar una espalda que una muñeca, ni una piel tensa que una piel más fina o con pliegues: la proporción, la colocación y el flujo visual del tatuaje sobre la piel son elementos importantes que determinarán el resultado final del tatuaje.
Por otro lado, algunos tatuadores también tienen en cuenta el simbolismo detrás de ciertos diseños. Puede parecer una cuestión puramente estética, pero muchas personas se tatúan por motivos emocionales, espirituales o familiares. Una fecha, una flor, un animal, una palabra en otro idioma… Todos estos elementos pueden tener una carga personal poderosa, y el artista debe respetar eso al interpretarlo.
Una vez que el diseño está aprobado, se programa la cita definitiva.
El día del tatuaje.
Todo empieza con la limpieza de la zona a tatuar, y aquí entra en juego un aspecto fundamental del proceso: la higiene. Los expertos de Ritual Tattoo lo dejan claro: todo material que entre en contacto con la piel debe estar previamente esterilizado, y por eso:
- Las agujas son de un solo uso y vienen selladas en envases individuales que se abren delante del cliente.
- Las tintas deben ser específicas para tatuaje, hipoalergénicas y estar autorizadas por sanidad.
- La zona de trabajo se desinfecta antes y después de cada sesión, y tanto el tatuador como el cliente deben lavarse bien las manos.
- El profesional debe llevar guantes de nitrilo y mascarilla para evitar cualquier tipo de contaminación.
- Las superficies donde se apoya el material se cubren con film plástico para prevenir el contacto directo con la tinta, la sangre o los fluidos.
Antes de comenzar, el tatuador transfiere el diseño a la piel con una plantilla especial que actúa como guía. Esa plantilla se coloca sobre la piel limpia y rasurada, y permite que el artista siga el dibujo con precisión. Una vez colocada, empieza el trabajo con la máquina: ésta funciona con motor y mueve la aguja a gran velocidad, depositando pequeñas cantidades de tinta en la segunda capa de la piel, llamada dermis. Este proceso es el que permite que el tatuaje sea permanente, ya que si la tinta se quedara en la epidermis (la capa más superficial), se borraría en pocos días con la regeneración natural de la piel.
¿Qué ocurre mientras?
Durante la sesión, el tatuador limpia constantemente la zona con papel absorbente y soluciones específicas, puesto que es normal que haya algo de sangrado leve (especialmente si se trata de zonas sensibles o trabajos con mucho detalle). Por esta razón, es tan importante la técnica del profesional y la calidad del equipo, ya que un tatuador con experiencia sabe cómo trabajar sin dañar en exceso la piel y cómo controlar la profundidad para evitar cicatrices o deformaciones.
Mientras, también va haciendo pausas para preguntar al cliente si todo va bien, si necesita descansar o si está sintiendo demasiada molestia, ya que hay personas que toleran el dolor mejor que otras.
Respecto a la duración de la sesión, dependerá del tamaño y la complejidad del tatuaje. Para que te hagas una idea, piensa que un diseño pequeño puede tardar media hora, mientras que un dibujo más grande puede requerir incluso varias sesiones, y no sólo por el aguante del cliente, sino también por el mismo tatuador. Éste necesita tiempo para mantener la precisión del trazo, ya que un tatuaje no admite errores fáciles de corregir. Por eso, muchos tatuadores prefieren programar varias sesiones con días de separación para garantizar la calidad del trabajo sin comprometer la salud de la piel ni su propio aguante y pulso.
En este punto, es fundamental confiar en el criterio del profesional. Si considera que una zona necesita más tiempo para descansar o que un cambio en el diseño sería mejor para tu anatomía, debemos escucharle. En el fondo, su reputación depende de tu satisfacción para que el resultado sea impecable, así que es mejor hacerles caso.
Cuidados tras el tatuaje.
Al terminar la sesión, el tatuaje se limpia por última vez, se desinfecta y se cubre con un film protector. Este vendaje se deja puesto entre dos y doce horas, según la recomendación del profesional. Después, llega el momento de los cuidados en casa, una parte muy importante para que el tatuaje cicatrice bien y conserve su aspecto.
El cliente debe lavar la zona con agua tibia y jabón neutro, secarla con cuidado y aplicar una crema cicatrizante varias veces al día, durante al menos dos semanas, y además se deben seguir las siguientes indicaciones:
- Hay que evitar el sol directo.
- No ir a piscinas, ni al mar.
- Se debe tener precaución con cualquier cosa que pueda irritar la piel o favorecer infecciones.
- La ropa debe ser cómoda y no rozar el tatuaje.
- Lo más importante de todo: no se deben rascar ni arrancar las costras, ya que la piel se irá regenerando poco a poco, y aunque en los primeros días el tatuaje puede verse apagado o algo inflamado, pasadas unas semanas el color y el detalle empezarán a asentarse.
Lo más normal es que el tatuador, además de explicar verbalmente lo que hay que hacer, le entregue una hoja con instrucciones detalladas que debe seguir; de hecho, muchos estudios ofrecen incluso kits con crema, jabón y film protector, y otros también hacen seguimiento por redes o WhatsApp para asegurarse de que la curación va según lo previsto.
En ocasiones es posible que se realice una sesión de repaso, sobre todo si el tatuaje ha perdido algo de intensidad durante la cicatrización o si hay zonas donde la tinta no se ha asentado correctamente, lo cual también se planifica con el tatuador, quien evaluará si es necesario y cuánto tiempo conviene esperar. Y por el precio no te preocupes: en los estudios profesionales, este tipo de retoques suelen estar incluidos en el precio o tener un precio muy reducido. Al final, lo que se busca es que el resultado sea duradero, limpio y fiel al diseño original.
Como ves, hacerse un tatuaje va mucho más allá de llegar, sentarse y salir con un dibujo nuevo en la piel. Detrás hay higiene, planificación, conocimientos técnicos y una sensibilidad artística muy especial. Así que, si tu hijo ha empezado a interesarse por este mundo, lo mejor que puedes hacer es informarte bien, hablar con él sin prejuicios y asegurarte de que, si da el paso, lo haga en manos de alguien responsable. A él le encantará que participes con él en el proceso, y tú te quitarás un peso de encima. Y si sientes que no está preparado porque aún es muy joven, siempre puedes pedirle que se espere un poco ¡Seguro que lo entenderá, siempre que le apoyes en su decisión!


