Trastorno de la conducta alimentaria

Los trastornos de la conducta alimentaria tienen una base psicológica.

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Los Trastornos de la conducta alimentaria (T.C.A.) son un problema social. Muchos de ellos aparecen en la adolescencia. Una etapa complicada de la vida. Con frecuencia achacamos su presencia a la influencia de la publicidad y los estereotipos sociales sobre los jóvenes, pero lo cierto es que suelen tener una base psíquica y mental subyacente.

Así lo reconoce la revista de divulgación médica Medline Plus, quien los define como afecciones graves de la salud mental. Buscar una explicación a la anorexia o a la bulimia en el entorno social o cultural suele ser una salida fácil que impide profundizar en el caso concreto.

Algunos casos de anorexia comparten síntomas con la depresión: autolesiones, aislamiento social. La persona anoréxica no se acepta así misma. Suele tener la autoestima baja. No se siente así por un factor estético, sino por algo más profundo. Algo que tiene que ver con como se ve a sí misma y cómo se relaciona con los demás. Ese rechazo mental lo enfoca en el aspecto físico. Lo hace de tal manera, que por mucho que adelgace, nunca se verá guapa.

Algo parecido sucede con otros trastornos alimentarios. Hay personas que se dan atracones de comida para calmar la ansiedad. Comen sin control, pues la única forma que encuentran de poder atenuar el nerviosismo.

La psiquiatra zaragozana Patricia Sánchez, experta en psicología de la alimentación, opina que la forma en la que comemos es un reflejo de cómo nos queremos. Por tanto, los trastornos de la conducta alimentaria tienen mucho que ver con la percepción que el individuo tiene sobre sí mismo. Cuando la situación es grave hay que tomar medidas para proteger la vida y la salud. Pero si de fondo no se trata el problema psicológico, el trastorno persistirá.

La Anorexia.

Este es uno de los trastornos de la conducta alimentaria más conocidos y, por desgracia, de los más frecuentes. Se manifiesta en que la persona que lo sufre tiene un peso insuficiente con respecto a lo que se considera saludable para su edad y estatura. Por tanto, implica un problema grave de salud física. Este trastorno puede venir acompañado del miedo a engordar, incluso cuando el peso está muy por debajo de lo aceptable, en términos de salud.

Existen diferentes tipos de anorexia, siendo la anorexia nerviosa la más frecuente. En este tipo de anorexia hay una voluntad de individuo por perder peso conscientemente, y por ir adelgazando cada vez más.

Dentro de la anorexia nerviosa hay una modalidad que se llama anorexia restrictiva. En la que el enfermo va disminuyendo progresivamente la cantidad de alimentos que consume. Esta actitud puede complementarse con la realización de un ejercicio físico excesivo, con la intención de quemar calorías de más. Ejercicio se practica aunque se sufran lesiones o haga mal tiempo.

En la anorexia purgativa, el enfermo sufre episodios de atracones de comida a los que siguen intentos impulsivos por eliminarlos. Bien provocándose vómitos o utilizando laxantes o edemas.

Hay una relación directa entre el estado de salud mental y la anorexia. Tanto es así, que los expertos señalan que los enfermos de anorexia purgativa suelen ser sujetos emocionalmente débiles que pueden presentar otros problemas psicológicos como la falta de control sobre los impulsos o la dependencia a ciertas sustancias.

Aunque puede haber condicionantes genéticos que incidan en el desarrollo de la anorexia, suelen ser los factores psicológicos los que influyen más en su aparición. Haber pasado por una situación traumática o presentar cuadros, aunque sean incipientes, de ansiedad o de depresión, repercuten en la aparición del trastorno.

La Bulimia.

La bulimia es otro de los trastornos alimentarios habituales. Se caracteriza por atracones de comida sin control. Después de esos atracones, la persona experimenta un fuerte sentimiento de culpa y se autoprovoca el vómito.

Con esta definición parece haber similitudes entre la bulimia y la anorexia purgativa. Según señalan algunos expertos, la diferencia entre ambos trastornos reside en que en la anorexia impera en todo momento una voluntad por bajar de peso, de manera enfermiza. Mientras que en la bulimia lo que domina el comportamiento es la necesidad irrefrenable de pegarse un atracón. La persona se siente mal por haber comido sin control, lo que le obliga a expulsar esa comida de manera inmediata, creando de esta manera un bucle que se va retroalimentando.

La frontera entre los dos trastornos es difícil de establecer. Tanto es así, que puede haber personas anoréxicas que padezcan bulimia. De todos modos, para explicarlo de manera sencilla, en la anorexia impera un pensamiento obsesivo, mientras que en la bulimia mandan los ataques compulsivos, que en cierto modo se parecen a las crisis de ansiedad.

La bulimia nerviosa está íntimamente relacionada con la salud mental. Determinados trastornos como el Trastorno de estrés postraumático, Trastorno Límite de la Personalidad o determinados casos de T.A.G. (Trastorno de Ansiedad Generalizada) pueden desembocar en bulimia.

Por lo general, el enfermo bulímico suele presentar una escasa adaptación a situaciones de estrés. Un cambio en su rutina habitual o un esfuerzo superior al que suele realizar le conduce a abusar de la comida para lograr tranquilizarse.

Dentro de los enfermos bulímicos se dan casos en los que no se recurre al vómito para expulsar los alimentos. Si no a otras técnicas como los ayunos prolongados, los laxantes o el ejercicio excesivo. Lo que sí se aprecia en todos estos casos es el bucle. Después del atracón viene la acción compensatoria.

Otros trastornos alimentarios.    

La Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia reconoce en su web que existen otros trastornos alimentarios. Estos son algunos de ellos:

  • Trastorno por atracón. Se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta compulsiva en los que la persona consume grandes cantidades de comida en un corto espacio de tiempo, acompañados de una intensa sensación de pérdida de control. A diferencia de la bulimia nerviosa, no aparecen conductas compensatorias como el vómito o el ejercicio físico excesivo, lo que suele provocar un aumento significativo de peso e incluso obesidad. Estos episodios se producen al menos una vez por semana durante un periodo mínimo de tres meses y generan un profundo malestar emocional, con frecuencia asociado a síntomas depresivos y de culpa persistente.
  • Trastorno de la Conducta Alimentaria No Especificado (T.C.A.N.E.). El T.C.A.N.E. engloba cuadros incompletos de anorexia nerviosa o bulimia nerviosa que no cumplen todos los criterios de diagnóstico establecidos, ya sea porque se encuentran en fases iniciales o en proceso de recuperación. Las personas pueden presentar restricción alimentaria, distorsión de la imagen corporal, pérdida de peso o atracones con purgas ocasionales, pero de forma irregular. Aunque no encaje plenamente en un diagnóstico clásico, este trastorno no es menos grave y requiere atención clínica, ya que afecta de manera significativa a la salud física y psicológica. Se estima que entre un 3% y un 5% de la población puede padecerlo.
  • La Pica. La pica es un trastorno que consiste en la ingesta persistente de sustancias no nutritivas, como arena, tierra o yeso, durante al menos un mes. Es más frecuente en la infancia y puede aparecer asociada a trastornos del desarrollo, como el autismo o el retraso intelectual. Esta conducta no se explica por prácticas culturales y resulta inapropiada para el nivel de desarrollo del individuo, pudiendo provocar importantes complicaciones médicas que requieren una intervención inmediata.
  • Trastorno por rumiación. Se manifiesta mediante la regurgitación repetida de alimentos desde el estómago hasta la boca, donde vuelven a masticarse. Esta conducta se mantiene durante al menos un mes, sin que exista una causa gastrointestinal que la justifique. Para el enfermo dificulta el mantenimiento de un peso adecuado. Como consecuencia, puede aparecer pérdida de peso o incapacidad para alcanzar el peso esperado, especialmente en niños.
  • Vigorexia También conocida como complejo de Adonis, es una obsesión patológica por desarrollar un cuerpo extremadamente musculoso. Afecta mayoritariamente a hombres, aunque cada vez se observan más casos en mujeres. Se caracteriza por una práctica excesiva de ejercicio, especialmente musculación, una percepción distorsionada del cuerpo y dietas estrictas orientadas al aumento de masa muscular. Esta obsesión puede derivar en dependencia al ejercicio, aislamiento social y consumo de sustancias perjudiciales para la salud.
  • Ortorexia Esta es una alteración de la conducta alimentaria basada en la obsesión por consumir únicamente alimentos considerados saludables o “puros”. El problema no radica en la cantidad de comida, sino en su calidad, lo que lleva a excluir numerosos grupos de alimentos y a planificar la dieta de forma rígida. Esta conducta puede provocar carencias nutricionales, pérdida de peso, ansiedad, aislamiento social y un notable deterioro de la calidad de vida del individuo, requiriendo intervención especializada tanto a nivel físico como psicológico.

Como estamos viendo, aparece una conexión continua entre los problemas de índole psicológica y los T.C.A. Siendo los más habituales los cuadros de ansiedad, pero también los trastornos relacionados con el estado de ánimo o la baja autoestima. Esto nos conduce a pensar que casi todos los Trastornos de Conducta Alimentaria requieren su correspondiente tratamiento psicológico a la par que su atención médica.

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