Qué es el Invisalign

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La sonrisa es una de las principales cartas de presentación que tenemos los seres humanos. Con ella mostramos alegría, generosidad, confianza y empatía hacia los demás. Sin embargo, no todo el mundo se siente cómodo al abrir la boca frente a un espejo o ante una cámara de fotos. Los dientes torcidos, apiñados o separados son una realidad muy común que afecta tanto a la salud física como a la seguridad emocional de millones de personas. Durante décadas, la única solución para corregir estos problemas pasaba de manera obligatoria por un camino que a muchos les generaba auténticos sudores fríos: los tradicionales aparatos de metal, conocidos popularmente por todo el mundo como brackets. Esas pequeñas piezas de acero pegadas a los dientes, unidas por alambres que pinchaban las mejillas y gomas de colores, eran el precio que había que pagar para conseguir una dentadura alineada.

Por suerte, el mundo avanza a pasos agigantados y la medicina dental no se ha quedado atrás. En los últimos tiempos, las consultas de los dentistas han vivido una auténtica revolución silenciosa que ha cambiado las reglas del juego por completo. Hoy en día, paseando por la calle, viajando en el autobús o viendo la televisión, nos cruzamos constantemente con personas que se están arreglando la dentadura sin que nadie a su alrededor note absolutamente nada. Las sonrisas metálicas están dando paso a la era de la ortodoncia invisible, un sistema que ha sustituido los alambres por fundas plásticas transparentes.

El nacimiento de un invento revolucionario: qué es el sistema Invisalign y cómo funciona en tu boca

Para comprender bien de qué estamos hablando, debemos alejar de nuestra mente la idea de las antiguas ortodoncias. Este método, cuyo nombre comercial más famoso en todo el planeta es Invisalign, consiste en un conjunto de alineadores o fundas fabricadas con un material plástico médico completamente transparente y hecho a la medida exacta de la boca de cada paciente. Estas fundas se colocan sobre los dientes de manera muy similar a cómo se pone un guante en la mano, cubriendo las piezas dentales por completo pero dejando las encías libres para evitar rozaduras.

El gran secreto de este sistema no está en el plástico en sí, sino en la planificación inteligente que se realiza antes incluso de que el paciente se ponga la primera funda. Al contrario que los aparatos de antes, que el dentista iba apretando mes a mes según veía la evolución sobre la marcha, aquí todo el viaje está dibujado por ordenador desde el primer minuto. Cada una de las fundas que el paciente recibe tiene una forma ligeramente diferente a la anterior, incorporando una pequeña variación de apenas unas micras. Al colocarse la funda, esta ejerce una fuerza muy suave, continua y calculada sobre los dientes, empujándolos poco a poco hacia la posición deseada.

La captura inicial con un lápiz óptico

Todo el proceso comienza en la sala del dentista con una herramienta que parece sacada de una película de ciencia ficción. Olvídate de aquellas pastas frías e incómodas con sabor a tiza que nos metían en la boca antiguamente para tomar moldes de los dientes y que a tanta gente le provocaban ganas de vomitar. Hoy en día, el especialista utiliza un dispositivo llamado escáner intraoral. Es una especie de lápiz grueso que lleva una cámara de alta velocidad en la punta y que emite una luz suave.

El dentista va deslizando este aparato por encima de los dientes sin tocarlos apenas. A medida que el lápiz avanza, una pantalla de ordenador va dibujando en tiempo real y a todo color un modelo en tres dimensiones idéntico a la boca del paciente. Es un proceso totalmente limpio, rápido y cómodo que permite obtener una réplica virtual de la dentadura con una precisión que las pastas de antes nunca habrían podido soñar. Si necesitas tragar saliva, hablar o descansar un momento, el dentista simplemente retira el aparato y continúa unos segundos después sin ningún problema.

El algoritmo que predice el futuro de tu dentadura

Una vez que la boca del paciente está dentro del ordenador, entra en acción un programa informático de inteligencia artificial. Este software toma el mapa en tres dimensiones de los dientes torcidos y calcula cuáles son los movimientos exactos, milímetro a milímetro, que deben dar las piezas para colocarse en su sitio correcto. El programa diseña una especie de película de animación interactiva donde se muestra toda la evolución del tratamiento.

Lo más bonito de este paso es que el paciente puede sentarse junto al especialista frente al monitor y ver, antes de gastarse un solo euro o de empezar a usar el aparato, cómo se van a ir moviendo sus dientes semana tras semana y cuál será el aspecto exacto de su rostro y su sonrisa el día que termine todo el proceso. Es como tener una ventana hacia el futuro que aporta una enorme tranquilidad y motivación para empezar el tratamiento con ganas.

Comodidad, estética e higiene: las ventajas reales de las fundas transparentes frente a los brackets

Cuando un adulto o un adolescente se plantea arreglarse la boca, la estética suele ser el factor que más pesa en la balanza. A nadie le apetece acudir a una reunión de trabajo, dar una clase, atender a los clientes en una tienda o ir a una cita romántica luciendo una sonrisa llena de hierros y alambres brillantes. Sin embargo, aunque la discreción visual es la ventaja más evidente de las fundas de plástico, quienes las usan coinciden en que los mayores beneficios se notan en las tareas más sencillas de la rutina diaria.

Las fundas transparentes son prácticamente invisibles a las distancias normales en las que nos comunicamos los seres humanos. Tienes que acercarte muchísimo a una persona y fijarte con mucha atención para notar que lleva puestas las férulas de plástico. Esto permite que los pacientes mantengan su seguridad en sí mismos, sigan sonriendo en las fotos y no sientan vergüenza en su vida social o profesional durante los meses que dura el tratamiento.

El placer de comer sin restricciones ni miedos

Uno de los mayores calvarios de las personas que llevan los aparatos fijos tradicionales es la hora de la comida. Con los hierros pegados a los dientes, comer cosas duras como una manzana a bocados, un trozo de pan crujiente, frutos secos o alimentos pegajosos como el caramelo o el jamón está totalmente prohibido, ya que existe un riesgo altísimo de que una de las piezas metálicas se despegue o el alambre se doble. Además, la comida tiende a quedarse atrapada entre los hierros, generando situaciones muy incómodas en las comidas con amigos o compañeros de trabajo.

Con la ortodoncia invisible, este problema desaparece por completo debido a una característica fundamental: las fundas se quitan para comer. Cuando llega la hora del almuerzo, de la cena o de tomar un simple aperitivo, el paciente se retira las férulas plásticas con los dedos de forma limpia, las guarda en su estuche protector y puede disfrutar de cualquier tipo de comida sin ningún miedo ni limitación. No hay alimentos prohibidos, no hay riesgo de rotura del aparato y se recupera el placer de masticar de manera natural.

Una limpieza bucal impecable y sin complicaciones

Mantener la boca limpia con los aparatos metálicos de antes es una tarea titánica que requiere paciencia de cirujano. Cepillar los dientes entre los alambres, usar el hilo dental sin que se enganche en las piezas de metal y evitar la acumulación de sarro exige herramientas especiales y muchísimo tiempo cada noche. Si la higiene falla, al quitar el aparato pueden aparecer manchas oscuras en el esmalte o inflamación en las encías.

Como apuntan desde la clínica dental Value Dental, en el caso de las fundas transparentes, la higiene dental sigue siendo exactamente igual de sencilla que antes de empezar el tratamiento. Como el aparato se retira de la boca, el paciente puede cepillarse los dientes con total normalidad, usar su hilo dental de toda la vida o enjuagarse la boca sin que nada entorpezca el camino del cepillo. Las propias fundas se limpian de forma muy fácil bajo el grifo con un poco de agua templada y jabón neutro, asegurando que la boca se mantenga siempre fresca, sana y con un aliento agradable.

Adiós a las llagas y a las visitas urgentes de última hora

Cualquier persona que haya llevado los antiguos brackets conoce de sobra el dolor de las llagas y las heridas en el interior de los labios provocadas por el roce continuo del metal. También es habitual el recuerdo de tener que acudir corriendo al dentista un viernes por la tarde porque la punta de un alambre se había soltado y se estaba clavando dolorosamente en la mejilla de forma insoportable.

El plástico de las fundas modernas está pulido de manera tan suave que no produce rozaduras, cortes ni heridas en los tejidos blandos de la boca. Al no tener piezas sueltas ni componentes metálicos que puedan romperse o despegarse, las visitas de urgencia al dentista se reducen prácticamente a cero. Las citas de revisión en la clínica son mucho más espaciadas y cortas, limitándose a comprobar que los dientes avanzan según el plan diseñado por el ordenador y a entregar los siguientes juegos de fundas al paciente.

Pequeños secretos y compromisos cotidianos: lo que nadie te cuenta de la ortodoncia invisible

Hasta ahora hemos analizado las maravillas y las ventajas de este sistema moderno, pero como ocurre con cualquier tratamiento médico o estético, no todo es de color de rosa ni funciona por arte de magia. Para conseguir esa sonrisa perfecta de película, el sistema requiere un ingrediente indispensable que no viene dentro de las cajas de plástico: el compromiso absoluto y la disciplina diaria por parte del paciente. Al ser un aparato que se puede quitar y poner con total libertad, el éxito de la terapia depende única y exclusivamente de la fuerza de voluntad de quien lo lleva.

Llevar este tipo de ortodoncia implica cambiar algunos pequeños detalles de nuestras rutinas a los que estamos muy acostumbrados y que al principio pueden resultar un poco chocantes o requerir un periodo de adaptación de unos días.

La regla inquebrantable de las veintidós horas diarias

Este es el punto más importante y el que más cuesta cumplir a algunas personas. El hecho de que las fundas sean extraíbles no significa que podamos dejarlas guardadas en el bolso o en el cajón de la mesita de noche siempre que nos apetezca. Para que los dientes se muevan de forma correcta y los plazos del ordenador se cumplan, las férulas deben estar puestas en la boca un mínimo de veintidós horas al día.

Esto significa que el aparato solo debe retirarse de la boca durante los momentos estrictamente necesarios para comer y cepillarse los dientes. Una vez que terminas de cenar o de tomar un café, debes lavarte la boca de inmediato y volverte a colocar las fundas plásticas. Si te da pereza ponértelas tras salir de copas un sábado por la noche, pasas tardes enteras picoteando comida sin el aparato o te olvidas de ponértelo para dormir, los dientes intentarán volver a su posición rebelde original, el tratamiento se retrasará y las siguientes fundas de la caja no encajarán bien, obligando a empezar de nuevo con los consiguientes costes añadidos.

Los ataches: los pequeños botones invisibles que ayudan a empujar

Muchos pacientes se llevan una sorpresa cuando van a la consulta a colocarse las primeras fundas y descubren que el dentista les pega unos pequeños relieves en la superficie de algunos dientes. Estas diminutas piezas se llaman ataches y están fabricadas con composite, el mismo material de color blanco que se usa para empastar las caries, por lo que estéticamente pasan totalmente desapercibidos a los ojos de los demás.

Estos pequeños botones funcionan como puntos de apoyo indispensables para el tratamiento. El plástico de la funda se engancha en ellos para poder realizar movimientos complejos que la superficie lisa del diente no permitiría, como rotar una muela sobre su propio eje o empujar un diente hacia abajo para sacarlo de la encía. Al quitarse la funda para comer, notarás esos pequeños relieves rugosos al pasar la lengua, una sensación que al principio resulta un poco extraña pero a la que el cerebro se acostumbra de forma natural en menos de una semana.

El cuidado de lo que bebes mientras llevas el aparato puesto

Si eres de los que pasa toda la mañana en la oficina dando pequeños sorbos a una taza de café caliente, un té o un refresco de cola, la ortodoncia invisible te obligará a cambiar de costumbre. Mientras lleves las fundas puestas en la boca, la única bebida totalmente permitida es el agua fría o del tiempo.

Las bebidas calientes como el café o las infusiones pueden deformar de manera irreversible el plástico de la férula debido al calor excesivo, haciendo que pierda su eficacia para mover los dientes. Por su parte, los refrescos azucarados, los zumos o el vino tinto pueden teñir el plástico transparente de un tono amarillento o verdoso muy feo, arruinando por completo la ventaja de que sea invisible. Además, si bebes líquidos dulces con el aparato puesto, el azúcar se colará por debajo de la funda y se quedará atrapado contra tus dientes durante horas, creando el escenario perfecto para la aparición de caries y problemas en las encías. La norma es clara: para tomar cualquier bebida que no sea agua, el aparato debe ir guardado en su cajita.

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