¿Tener un coche eléctrico es tan fantástico como cuentan?

Comparte:

Facebook
Twitter
LinkedIn

No paramos de oír por todas partes las ventajas de poseer un coche eléctrico: que si ayudamos al planeta, que si ahorramos más, que si la experiencia de conducción es maravillosa… Vale, ya sabemos que cuando nos quieren vender algo, todo pinta genial, si no, ¿Cómo iban a conseguir clientes?

Lo que necesitamos muchos de nosotros es una dosis de realidad sin mancharla de pesimismo: una lista o un escrito real que cuente las muchas cosas buenas que tiene tener un coche eléctrico y las pocas malas que tiene, para que al menos, si nos decidimos a tener uno, no nos llevemos un chasco.

¿Qué piensas? ¿Te quedas a conocer más? Ahora que se ha puesto de moda tener uno, creemos que esta información te resultará muy valiosa.

¡No te la pierdas!

¿Cumple su función principal al 100% ayudando al medio ambiente?

Cuando pensamos en un coche eléctrico, lo primero que se nos viene a la cabeza es que contamina muchísimo menos. Y sí, en el día a día son vehículos limpios, sin emisiones directas y con un funcionamiento silencioso que les da un respiro a las ciudades. Pero para ser justos, hay que tener en cuenta todo su ciclo de vida.

La parte más polémica siempre son las baterías, porque requieren minerales cuya extracción tiene impacto ambiental. Sin embargo, aquí está la clave: un coche eléctrico compensa esa huella inicial después de unos años de uso, sobre todo si recargas con electricidad procedente de energías renovables. En España cada vez hay más proporción de energía verde en la red, así que el impacto se reduce bastante.

También conviene recordar que las baterías se están reciclando más y mejor que hace unos años, y que muchas acaban teniendo una segunda vida como sistemas de almacenamiento de energía en edificios o instalaciones solares. Con todo esto, se puede afirmar que, en el cómputo general, sí ayudan al medio ambiente de forma notable, aunque no exista ninguna tecnología perfecta.

Hablemos de precios (y de subvenciones, que alguna hay).

Aquí es donde a muchos se les escapa un suspiro: los coches eléctricos cuestan más que los de combustión, sobre todo si buscas uno con buena autonomía. Aun así, la diferencia se está reduciendo poco a poco y, para quienes quieran dar el paso, hay ayudas que suavizan el golpe.

La más conocida es el Plan MOVES, que ofrece incentivos para la compra de coches eléctricos y también para instalar un punto de recarga doméstico. Es verdad que el proceso puede ser lento, pero si tienes paciencia, la rebaja final es considerable. Además, hay beneficios extra como pagar menos en algunos peajes, descuentos en aparcamientos municipales y ventajas fiscales en determinados ayuntamientos.

Una parte importante del ahorro llega después: un coche eléctrico necesita menos mantenimiento, la “gasolina” es más barata y las averías suelen ser menores porque tiene menos piezas. Así que, aunque el desembolso inicial sea más alto, el coste total de propiedad puede equilibrarse con el tiempo.

Aclaremos algo que nos preguntamos todos: ¿Qué pasa con el aparcamiento y las recargas?

Este punto genera muchas dudas, sobre todo si vives en ciudad. La realidad es que tener un punto de recarga en casa es la opción más cómoda y barata, pero no siempre es posible. En garajes comunitarios suele ser fácil instalarlo, porque la ley lo permite sin tener que pedir permiso a los vecinos. Pero si no tienes garaje propio, Xcelentric nos da una buena noticia recordándonos que también es posible optar por cargadores en parkings públicos.

En los últimos años, se han multiplicado los puntos de recarga en supermercados, parkings públicos y estaciones de servicio. Aun así, la red todavía es irregular según la zona. Lo bueno es que cada vez hay más cargadores rápidos que te permiten recuperar buena parte de la batería en un rato.

En cuanto al aparcamiento, muchos ayuntamientos ofrecen bonificaciones o incluso estacionamiento gratuito para coches eléctricos en la zona regulada. No es una norma universal, pero es un plus que merece la pena revisar.

Experiencia de conducción.

¿Qué si ofrece una mejor experiencia de conducción? Pues sí:

Un coche eléctrico responde al instante, acelera con suavidad y no vibra. Para quien esté acostumbrado a los motores tradicionales, el silencio al arrancar resulta casi mágico. También suelen tener un centro de gravedad más bajo, así que se sienten estables y muy cómodos.

La conducción urbana es especialmente agradable, porque al no tener cambios de marcha, todo fluye mejor y se va más relajado. En carretera, los modelos más modernos ya ofrecen autonomías amplias, aunque es verdad que en viajes largos hay que planificar un poquito más.

La sensación general es que, una vez te acostumbras, volver a un coche de combustión se siente más ruidoso y brusco.

“Estaba pensando en cambiar mi coche por eso del distintivo ambiental”.

El famoso distintivo ambiental es esa pegatina de colores que puso en marcha la DGT para clasificar los vehículos según lo que contaminan. Hay varios tipos (B, C, ECO y CERO) y sirven para determinar quién puede circular por determinadas zonas y quién no, sobre todo cuando entran en vigor las llamadas Zonas de Bajas Emisiones.

¿A quién afecta? A prácticamente todo el mundo que use coche dentro de una ciudad mediana o grande. En lugares donde estas zonas ya están activas, los vehículos sin etiqueta o con distintivos más antiguos tienen restricciones para entrar en el centro, aparcar o circular en horas concretas. Es un cambio que va a más: muchos municipios tienen que implantar estas zonas antes de que pase demasiado tiempo, así que da igual si vives en una capital o en una localidad más pequeña, lo normal es que acabes viéndolas en tu día a día.

¿Y qué pasa con los eléctricos? Aquí es donde la cosa cambia. Un coche eléctrico obtiene automáticamente el distintivo CERO, el más ventajoso de todos. Con él puedes circular y aparcar sin preocuparte por restricciones, acceder a áreas limitadas y olvidarte de las limitaciones en episodios de contaminación. En algunos municipios también hay descuentos en aparcamientos, peajes o acceso a zonas en las que el resto tiene que dar rodeos.

Por eso mucha gente se plantea el cambio no por convencimiento ecológico, sino por comodidad. Si tu ciudad ya tiene estas zonas o las va a implantar pronto, tener un CERO significa que no tienes que estar pendiente de nuevas normas cada dos por tres. Y eso, para quienes usan el coche a diario, es una tranquilidad enorme.

Resumen de ventajas y desventajas.

  • Ventajas.

Veamos qué cosas buenas se inclinan en la balanza a su favor:

  • Ahorro en el día a día.

El gasto por km es más bajo que en los coches de gasolina o diésel. Además, como tienen menos piezas móviles, el mantenimiento suele ser más barato.

  • Acceso cómodo a ciudades y zonas restringidas.

El distintivo CERO permite entrar en áreas reguladas, aparcar en zonas donde otros no pueden y evitar complicaciones cuando cambian las normas municipales.

  • Conducción muy cómoda.

El silencio, la suavidad al acelerar y la ausencia de vibraciones hacen que el trayecto sea más agradable, tanto en ciudad como en carretera.

  • Ventajas fiscales y ayudas.

Entre el Plan MOVES, algunas bonificaciones municipales y los descuentos ocasionales, es posible amortizar parte de la inversión inicial.

  • Menor impacto ambiental.

Emiten menos en el uso diario, contribuyen a reducir la contaminación en zonas urbanas y con los años compensan la huella de fabricación.

  • Desventajas.

¿Qué cositas nos pueden “chirriar” un poco? Es importante saberlas para no sentirnos decepcionados:

  • Precio inicial elevado.

Incluso con ayudas, la compra puede suponer una inversión mayor que la de un coche de combustión equivalente.

  • Red de recarga irregular.

En grandes ciudades es más fácil encontrar cargadores, pero en zonas rurales o trayectos largos puede requerir planificación.

  • Dependencia de la batería.

Las baterías pierden algo de rendimiento con el paso de los años y el frío extremo puede reducir momentáneamente la autonomía.

  • Planificación en viajes.

Aunque cada vez hay más cargadores rápidos, los viajes largos pueden requerir parar en estaciones concretas para evitar sustos.

Claramente, merece la pena.

Cuando se mira con calma lo que ofrece un coche eléctrico, la idea empieza a tomar forma: son cómodos, silenciosos, y cada vez están más integrados en la forma en que las ciudades se organizan. No son perfectos y siguen teniendo puntos mejorables, pero lo que aportan supera con facilidad a sus limitaciones en el día a día.

También hay algo que no se menciona tanto y que influye mucho: la sensación de futuro. Conducir un eléctrico da la impresión de estar utilizando una tecnología que va a seguir creciendo y mejorando durante los próximos años.

Por todo esto, cada vez más conductores que pensaban que “no era para ellos” acaban descubriendo que sí encaja con su vida. Y cuando sumas la grata experiencia de conducción, la ausencia de restricciones y la tranquilidad de que estás utilizando un vehículo más limpio, la balanza final resulta bastante clara: ¡Sí que merece la pena para muchas personas!

Noticias relacionadas

Scroll al inicio