Todos conocemos los dientes de leche, básicamente porque todos hemos tenido estos dientes que no recordamos bien cómo salieron o si su aparición fue dolorosa, pero nos acompañan durante varios años. Lo que más define a estos dientes, a buen seguro, es la visita del Ratoncito Pérez para recogerlos bajo tu almohada cuando se caen.
Los dientes de leche son, como sabemos, la primera dentición de los niños y se componen de veinte piezas dentales que aparecen entre los cuatro y los seis meses, manteniéndose en la boca hasta los doce años. Se trata de dientes temporales, pero con un papel fundamental en lo que al desarrollo oral, facial y nutricional de los más pequeños respecta. Razones por las que es imprescindible cuidarlos del mismo modo en que se van a cuidar las piezas definitivas.
En odontología y medicina, a los dientes de leche se les conoce como dientes temporales o deciduos y son la primera dentición que desarrollan los pequeños. Reciben el nombre popular de dientes de leche por su color blanco anacarado, más claro que el que presenta la dentición definitiva, recordando a la leche. Sus características más destacadas en lo que a composición y estructura respecta son el esmalte más fino, con la mitad del grosor que un diente permanente; una dentina más blanda con mayor contenido orgánico, por lo que son más vulnerables ante la aparición de la caries; una pulpa proporcionalmente mayor donde los nervios ocupan más espacio relativo; y unas raíces más cortas, con lo que su reabsorción es más fácil llegado el cambio.
A diferencia de la dentición permanente, su tamaño es inferior, su color más blanco, el número de piezas inferior y su forma más redondeada y con un cuello más pronunciado.
Funciones importantes de la dentición de leche
Entre los seis y los doce meses de edad, empiezan a salir estos dientes que no culminan su erupción hasta llegados los tres años, como nos explican los profesionales de la odontopediatría de Dental Médica, clínica dental con una experiencia de más de treinta años en el cuidado dental de las familias. Erróneamente, son muchos los papás y las mamás que creen que los dientes temporales no tienen que cuidarse porque se van a caer. Lo cierto es que esta dentición cumple con unas funciones fundamentales en el desarrollo de los pequeños, por lo que su cuidado sí es importante.
Facilitan la masticación y una nutrición adecuada, ayudan en el desarrollo del lenguaje y la pronunciación, mantienen el espacio necesario para los dientes definitivos y contribuyen al correcto desarrollo de los maxilares y el rostro. Por lo que la salud de los dientes de lecho impacta de forma directa en la salud general de los infantes. Un diente de leche que presenta caries o infección puede afectar al diente permanente, ya que se está formando justamente debajo.
En lo relativo a la masticación y la digestión, los dientes de leche preparan los alimentos para que se produzca una digestión adecuada, se desarrollen los músculos masticatorios y faciales y se estimule el crecimiento óseo de la mandíbula. Contribuye al desarrollo del habla con una pronunciación correcta de los sonidos específicos, la posición de la lengua para articular las palabras y el desarrollo del lenguaje completo.
Para mantener el espacio de las piezas definitivas, ejercen como guías naturales para la erupción de los dientes permanentes, mantienen el espacio necesario para las arcadas dentales y evitan que se produzca el colapso de la estructura oral. Además, influyen en el desarrollo facial, como soporte de los labios y las encías, y en el desarrollo vertical correcto de la cara y la armonía en las proporciones faciales. Sin olvidar los aspectos psicológicos como la autoestima y la confianza al sonreír, la interacción social y el desarrollo de los imprescindibles hábitos de higiene temprana.
Los cuidados correspondientes a los dientes de leche tienen que empezar antes de que aparezcan las primeras piezas. Desde cero hasta los seis meses, hay que realizar higiene en las encías, pasando una gasa húmeda por las mismas tras cada toma, eliminando restos de leche materna o en polvo. Hay que evitar endulzar los chupetes o biberones como se hacía antes, ya que puede favorecer la proliferación de bacterias en la cavidad oral.
Desde los seis meses hasta los tres años, hay que empezar con el cepillado diario. Una vez erupcione el primer diente, utilizar un cepillo dental pequeño y suave con una cantidad de pasta dental con flúor y realizar una supervisión constante durante el cepillado.
A partir de los tres años se aumenta la cantidad de pasta y se enseña al pequeño a que escupa la pasta sin necesidad de enjuagar con agua. El cepillado se realiza dos veces al día, antes de dormir y después del desayuno, y se utiliza el hilo dental, siempre con la ayuda de un adulto.
Salud bucodental infantil: atención a las señales
Los dientes de leche se van a caer; eso lo sabemos todos por experiencia. Sin embargo, no por ello hay que ignorar las señales que pueden indicar que pasa algo anómalo que requiere la visita al dentista infantil. Si se observan manchas blancas o marrones en los dientes, puede tratarse de señales tempranas de caries. La caries infantil, conocida como “caries del biberón”, avanza con rapidez y puede llegar a afectar al nervio.
Si se produce inflamación en las encías o sangrado, puede tratarse de gingivitis infantil, a consecuencia de la acumulación de placa bacteriana en la base de los dientes. Esto puede producirse si no existe una buena rutina de cepillado.
El dolor al masticar o beber cosas frías o calientes puede ser sinónimo de caries profunda, absceso o infección. Los más pequeños pueden no comunicarse con claridad, pero pueden estar irritables y evitar comer ciertos alimentos.
Cuando un diente de leche permanece en la boca más tiempo del establecido y supera la edad de cambio, puede interferir con la erupción del diente permanente, provocando malposición, por lo que es fundamental la visita al dentista.
Caerse en la infancia es algo tan inevitable como habitual; si un diente se mueve, se cae o se fractura, la revisión dental tiene que ser inmediata con objeto de que se puedan evaluar los daños internos que puedan haberse producido tanto en el diente como en el hueso.
Esto nos lleva al momento adecuado para hacer la primera visita al dentista. Como señala la Sociedad Española de Odontopediatría, lo más aconsejable es acudir cuando se cumple el primer año o aparece el primer diente de leche. Esta visita implica la detección de posibles problemas y educa a los papás y las mamás en la prevención, aunque en determinados casos es necesaria una intervención.
Algunos de los tratamientos que puede necesitar un pequeño son:
- Selladores dentales que forman una barrera protectora sobre los molares temporales, con lo que se previene la caries.
- Fluorización profesional con aplicaciones periódicas que fortalecen el esmalte dental.
- Obturaciones o empastes, en el caso de que exista caries, removiendo el tejido dañado y sellando el diente.
- Pulpotomía o pulpectomía, con la que se trata el nervio en los dientes de leche que están afectados por una caries profunda.
- Extracciones programadas cuando el diente de leche interfiere y afecta el crecimiento del diente permanente o existe una infección severa.
Si en los adultos la alimentación es un factor clave para la salud dental, en los más pequeños, todavía es más relevante. Una dieta equilibrada es esencial para la prevención de la caries y otro tipo de problemas dentales en los más pequeños. Algunas de las recomendaciones más importantes son la reducción de los azúcares, evitando el consumo de zumos industriales, las chuches, la bollería y los cereales con alto contenido en azúcar. Evitar la ingesta de alimentos pegajosos como las galletas blandas que se pegan a los dientes, favoreciendo la aparición de la placa. Ofrecer agua a los más pequeños en lugar de darles zumos o refrescos e incluir frutas y verduras crujientes con las que se estimula la masticación y la limpieza natural de los dientes.
Tener en cuenta el momento en el que se debe producir la caída de los dientes de leche puede ayudar a determinar si una pieza no se cae en su momento para acudir al dentista y que valore si es necesario retirarlo para que salga el diente permanente. Los dientes inferiores son los primeros en caer, empezando por los incisivos dentales a los cinco o seis años; le siguen los laterales a los seis o siete, los caninos entre los nueve y los once, los primeros molares a la misma edad y los segundos entre los diez y los doce. En el caso de los dientes superiores, la caída empieza algo después: los incisivos centrales a los seis o siete años, los incisivos a los siete u ocho, los caninos entre los diez y los doce junto con los primeros molares y los segundos entre los once y los trece.
En definitiva, la salud dental infantil es tan importante como la salud dental de los adultos y las visitas al dentista deben hacerse igualmente de forma periódica.


